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Ya sabemos que Canelito y Barriguito son grandes cazadores, y desde luego, en esta habilidad sus uñas son vitales, aunque,  la verdad, que en casa de poco les sirve, simplemente, para que sus juegos parezcan números circenses. Sin embargo, si vivieran en la naturaleza, sus  garras serían una gran defensa, y una potente arma.  Todos los felinos, curiosamente, menos el guepardo, las poseen en sus patas delanteras, y son retráctiles para evitar su desgate. Hasta los 3 meses de vida no son capaces de  esconderlas, y se acaban enganchando  en cortinas, o peor aún, en nuestra piel. Si lo pensamos bien es lógico, son tan pequeñitos y están aprendiendo tanto que no pueden estar pendiente de  otra cuestión más, seguramente, a Canelito y Barriguito les habrá evitado alguna que otra caída esta torpeza, entre comillas.

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 Además, cuando cumplieron esta edad, estos gatos, también, comenzaron a marcar los objetos de su dominio, incluyendo mis botas, y pantalones vaqueros, gracias a sus garras. Ya que en la base de sus dedos tienen unas glándulas que les permite dejar unas señales olorosas, frente a otros gatitos.   Si no queremos  que este marcaje se convierta en un problema, lo mejor es comprarles un rascador. Los hay de muchos precios y tamaños.  Es importante encontrar el lugar adecuado. Por experiencia propia lo sé, con Pichito compramos un rascador de varias plantas, al que jamás hizo caso hasta que lo cambiamos de sitio, justo cuando estábamos recogiendo el piso para mudarnos, y era tan grande que tuvimos que dejarlo atrás por falta de espacio en la nueva casa. En fin, ellos son así…

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Por fortuna, con Canelito y Barriguito acertamos desde el primer día, y rápidamente aprendieron a afilarse sus uñitas en el lugar adecuado, y no en el sofá, como ocurrió con su hermano mayor. Por otra parte, en su vida cotidiana, también, les sirve para trepar y para estirarse, algo muy saludable, que seguro que  Barriguito  le ahorrará algún dolor de espalda.

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Sin olvidarnos, de que sus  uñas les ayuda a coger a pequeños objetos, que si estuvieran en el campo, les vendría genial para atrapar ratoncitos, como le ocurre a Canelito, que a veces, parece que tiene manos en vez de garras.

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En este punto, se puede plantear un dilema moral, en el caso de Pichito como fue nuestro primer gato, la buena intención y la ignorancia  provocó una serie de errores.  Entre ellos, de pequeñito lo enseñamos a jugar con las manos, y claro, arañaba de adulto. Jamás, pensamos en operarlo y quitarle sus uñitas, y la razón, es contundente y obvia, si alguna vez se perdía, su única arma frente a otros animales sería sus garras. En cierto modo, no deja de ser una mutilación innecesaria. Aprendida la lección inicial, Canelito y Barriguito nunca nos han arañado, y aunque se peleen en sus juegos,  tampoco,  se han hecho daño entre ellos,  y para muestra, sus largas siestas…

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