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Buscando hoy alguna curiosidad gatuna, he descubierto que dos grandes conquistadores, que imagino que en su vocabulario no estaba la palabra miedo, si que tenían un talón de aquilés: los gatos. Tanto a Napoleón como el dictador Julio César temían a nuestros simpáticos amigos. Y eso, que no conocían ni a Canelito y Barriguito. Desde luego, no es para menos, cuando estos dos empiezan con sus peleítas, no hay forma de pararlos: son temibles. Se acechan, se abalanzan, y se canean. Ellos son así. Incluso, el escritor Edgar Allan Poe, autor del relato “El gato Negro” dijo de ellos:  “Me gustaría que mi escritura fuera tan misteriosa como un gato”.

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Por contra, Abraham Lincoln los admiraba. Hasta el punto que durante su estancia en la Casa Blanca llegó a tener cuatro gatos.  Tampoco, conocía a Canelito y Barriguito porque dan tela de trabajo. Y seguramente no le  habrían quedado energías para abolir la esclavitud en los Estados Unidos. Son muy exigentes, y si quieren algo, desde luego, te lo harán saber.

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