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Ellos son así, es la conclusión que he sacado. Ha venido un técnico a casa para la reparación de un electrodoméstico, y pensé que lo mejor era para que pudiera trabajar con tranquilidad encerrarlos en el salón, al ratito,  y como era de esperar, primero, Canelito, y luego, Barriguito, y posteriormente, al unísono comenzaron a maullar y a rascar la puerta. Entonces, me dije les abro porque a lo mejor quieren comer o ir a su baño. Me engañaron vilmente, querían estar en primera línea viendo que estaba pasando en su territorio.

Canelito, aunque esté durmiendo siempre está pendiente de su hermano

Canelito, aunque esté durmiendo siempre está pendiente de su hermano

Enseguida, empecé a pasar un poquito de vergüenza y a estar apurada, porque claro, ellos se dedicaron a pasearse por la encimera de la cocina, a meterse en el fregadero, y a subirse en la mesa, y hasta Barriguito que es más tímido se acercó para olerle el pelo al buen hombre, que estaba intentado arreglar el lavavajillas.

Barriguito está encantado de los cuidados de su hermano mayor por unos minutos

Barriguito está encantado de los cuidados de su hermano mayor por unos minutos

Lo vivido me ha hecho reflexionar  sobre que  los gatos necesitan trepar, saltar, observar, esconderse, en definitiva, un hogar donde se les respete su forma de ser. Ya que viven en un piso, y no en el campo, su hábitat natural.  No tienen porque sentirse atrapados en un espacio de 65 metros. Y aunque, nos sentimos incomodados con visitas que quizás no comprendan su carácter, no hay que olvidar que ellos son los dueños  del territorio, y el que viene  es alguien invitado, que tiene respetar la norma de la casa donde les han abierto las puertas. Se lo merecen todo  por mil razones, y de nuevo, recurriendo a la sabiduría popular no se puede poner puertas al campo, y a los gatos, tampoco.

Canelito y Barriguito os están esperando

Canelito y Barriguito os están esperando

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