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Ya sospechaba que Canelito y Barriguito son gatos listos, pero, me faltaba la confirmación oficial, y ya la tengo. La  respuesta está en internet. Navegando he encontrado distintos test para saber de forma objetiva cual es la inteligencia de tu gato. Por ejemplo, en mascotas.facilisimo.com te preguntan qué están haciendo cuando llegas a casa. Y aquí estos hermanos son unos campeones, obtienen la máxima puntuación (10 puntos): esperándome a que llegue para saludarme. Aunque falta la segunda parte, también, para irse al rellano/jardín. En la pregunta 5, “si juegas con tu gato”, ganan por goleada porque la respuesta es frecuentemente. Insistir una vez más, un gato que juega es un gato estimulado, y por tanto, un gato física y mentalmente sano.

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Sin embargo, en este test han sacado cero puntos en la ocho, si les gusta jugar con otros gatos. En este caso  han dado una respuesta errónea, ya que tanto a Canelito como a Barriguito les gusta jugar entre sí, a través de sus ya famosas peleíllas. Pero, no me importa, porque  prefiero que hagan algo de deporte felino, a que estén bajos de forma. Además, en este baremo han sacado 60 puntos, y a partir de los 55 puntos son gatos por encima de la media.

No obstante, y quizás por deformación profesional, he contrastado estos datos, y he buscado otros test como el de  elmundoanimal.foroes.biz. De nuevo, han sacado muy buena nota, 15 puntos, lo que se traduce en que,  según este test,  son  Einstein gatunos. En este caso, las preguntas son más complejas, si hay una puerta cerrada y quieren entrar, qué hacen: a) la rasca obstinadamente, b) maúlla insistentemente o c) salta sobre el picaporte. Pues bien, ellos te llaman para que se la abras. Son dos puntos. Sin embargo, su hermano mayor Pichito, habría pegado un brinco y se habría enganchado al pomo.  A pesar de este tropiezo, Canelito y Barriguito han remontado en la  2: si vas cargado de paquetes cómo actúan: a) te huelen sin interés, b) duermen c) te acompañan a desenvolverlos. Ya os podéis imaginar,  te siguen para meterse dentro de las bolsas e inspeccionarlo todo y todo.

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En fin, sea cual sea el resultado, y de eso no hay duda, los iba a querer igual. Lo único que indican estos test es que un gato siempre se sale con la suya. Ya buscará la forma para que le rasques la barriguita y le des los mimitos que ellos quieren. Como siempre decimos, ellos son así.

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Buscando hoy alguna curiosidad gatuna, he descubierto que dos grandes conquistadores, que imagino que en su vocabulario no estaba la palabra miedo, si que tenían un talón de aquilés: los gatos. Tanto a Napoleón como el dictador Julio César temían a nuestros simpáticos amigos. Y eso, que no conocían ni a Canelito y Barriguito. Desde luego, no es para menos, cuando estos dos empiezan con sus peleítas, no hay forma de pararlos: son temibles. Se acechan, se abalanzan, y se canean. Ellos son así. Incluso, el escritor Edgar Allan Poe, autor del relato “El gato Negro” dijo de ellos:  “Me gustaría que mi escritura fuera tan misteriosa como un gato”.

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Por contra, Abraham Lincoln los admiraba. Hasta el punto que durante su estancia en la Casa Blanca llegó a tener cuatro gatos.  Tampoco, conocía a Canelito y Barriguito porque dan tela de trabajo. Y seguramente no le  habrían quedado energías para abolir la esclavitud en los Estados Unidos. Son muy exigentes, y si quieren algo, desde luego, te lo harán saber.

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Lo teníamos que haber hecho antes. Es la conclusión que sacamos en casa, ante la castración de  Canelito  y Barriguito. El pasado jueves visitaron al veterinario para esta sencilla intervención. Una operación, que en cierto modo nos preocupaba y mucho. Y la verdad, no había motivo para ello.

Tenían que estar 12 horas mínimo  antes sin comer, y unos 9 horas sin beber. Es decir,   si la cita era a las 11.30 de la mañana,   sobre las nueve y media le quitamos el pienso. Como no tenían hambre, y sabiendo que la noche iba a ser larga,  sinceramente, los atiborré de chuches gatunas, que para eso, siempre están dispuestos. Aunque, con algo de cabeza, les dí una lata de comida blanda, que es un reconstituyente para gatos que comen poquito, por diversas causas. Así, que ya estaban preparados para aguantar sin  tomar nada tantas horas. De esta forma, cuando salieran de la anestesia tendrían el estómago vacío, y no vomitarían.

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Sinceramente, temía que Canelito que es muy mandón le entrará hambre, y me reclamará pienso. Pero, tuvimos suerte, y cuando iba a la cocina y veía que no había comida en su cacharro, se volvía, sin pedirla. Primera prueba superada. A la mañana siguiente, Canelito jugando con él, solito entró en el transportín. Sin embargo, con Barriguito tuvimos que tener más paciencia, y al final, lo obligamos a entrar.

Llegamos al veterinario, los ayudé a pesarlos, porque en función del peso, se calcula la anestesia, y los dejé en la clínica. Sorpresa y confirmación de una sospecha. Canelito y Barriguito no serán gatos grandes. Tan sólo pesan cuatro kilos y medio, con un año y un mes.  Acostumbrada a Pichito, que pesaba 8 kilos, a estos hermanitos siempre los he visto muy chiquitos. Y ahora  sé que no era amor de madre, sino un dato objetivo.

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En 20 minutos, ya me estaban llamando para que en otros 20 minutos, fuera a recogerlos: despiertos y fuera de peligro. Nunca pensé que fuera tan rápida esta operación. Cuando regresamos a casa, Canelito y Barriguito estaban todavía algo borrachines, sobretodo, las patas traseras daba la sensación que las tenían como  dormidas, porque cuando intentaban caminar, se tambaleaban y ladeaban. Canelito, como siempre, no paraba.  Se cayó más de una vez al suelo, porque quería saltar y no podía. En una hora  larga, ya controlaban perfectamente sus movimientos. Es más, nada más llegar hicieron pis en un su arenero. Incluso, después del ayuno, ambos vomitaron. Estaban eliminando la anestesia. A las tres de la tarde, estaban comiendo como campeones. Se echaron una buena siesta, y a la seis de la tarde, directamente, parecía que no les habían hecho nada.

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Ahora, durante los próximos diez días, tienen que tomar un antibiótico, para evitar cualquier infección. De nuevo, otra sorpresa. Con lo difícil que es darle una pastilla a un gato, en este caso es hasta divertido. Cojo la pastilla, con dos cucharitas del café la machaco hasta que se queda hecha polvo, y la mezclo con su comida blandita preferida. Una crema que venden en un  supermercado de origen valenciano, que lleva biotina e inulina. Como les gusta tanto, prácticamente,  la devoran.   Tengo que estar al loro para que Canelito que es muy rápido comiendo  no meta la cabeza en el plato de su hermano, y acabe tomándose, también, la pastilla de Barriguito.

Y aunque han pasado muy pocos días, ya he notado los efectos de la operación. Como ya no están preocupados por buscar novia han vuelto a ser bebés. Tan sólo piensan en jugar. De hecho, Canelito que tenía las hormonas sexuales muy disparadas, y casi no jugaba, no para de pegar carreras tras un papelito. De hecho, cada día amanece el piso como si un ejército de papelitos nos hubieran invadido. En conclusión, no hay que tener miedo ni ninguna reticencia. Es lo mejor que podemos hacer por ellos.

La verdad, ha llegado la hora, hasta ahora lo estábamos retrasando, porque andamos algo ajustados de dinero, como tantos españoles. Y los gatos, tampoco, escapan de las consecuencias de la crisis. Pero, ya no tenemos excusa. Hacienda nos devuelve algo de dinero, y éste ya tiene destino: la esterilización de Barriguito y Canelito. Ay, pobrecillos ellos, la Agencia Tributaria les va pagar esta sencilla operación.

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Nos da cierto miedo, pero, creo que es lo mejor para todos. Porque, Canelito lleva algunos días ya en celo. Y una mala noticia,  lo que viven es un falso celo, por lo que no se les va a pasar, un gato siempre está dispuesto al apareamiento. Es permanente.  Ha comenzado a  orinarse fuera de su caja, y las noches se las pasa llamando a su novia imaginaria, porque, de momento, no hemos conseguido verla, y en nuestro edificio no hay gatitas. Ambos comportamientos son perfectamente normales. Esos maullidos incesantes es para atraer a su amor, y para demostrarles a sus otros pretendientes que él es un gran gato. En cuanto, al rociado de orina es como su tarjeta de presentación. En ese olor está dejando información sobre él, por ejemplo, su fortaleza o su salud. Como entendemos que es la llamada de la naturaleza, y aunque, suene algo cursi, de la vida, tanto su papá y como su mamá lo comprenden, y no se lleva ninguna regañina. Únicamente, que si lo pillamos in-fraganti lo llevamos directamente a su baño. Pero, reconozcamos que esto no es solución.

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Además, aunque, en principio, suene contradictorio con esta operación, mejoraremos su calidad de vida.Incluso, hay estudios que demuestran que ayuda a que estén más años con nosotros. Evitaremos que Canelito quiera irse de marcha, en busca de una buena moza. No tendrá la necesidad de salir de casa, y por tanto, reduciremos el riesgo de un atropello de tráfico, o que salga herido en una pelea entre gatos.  A pesar de todo  Canelito es un  solete, sigue  cuidando a su hermano, y no ha aumentado la agresividad hacia  Barriguito, a quien pudiera ver como un  rival en  el cortejo de su novia. Es más, el otro día, se quedó en el rellano del piso sólo, porque como ellos siempre vienen a saludarme cuando  llego, y entre sus diversiones está salir a su “jardín/rellano”. Pues bien, creí que ya estaba dentro de casa, y cerré la puerta, y él espero pacientemente a que le volviéramos abrir, a pesar de que tuvo una oportunidad de oro para escaparse en busca de cariñito. Además, con esta intervención, prevenimos algo tan serio como el cáncer testicular y de próstata.

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No es cierto, que modifiquen su carácter, simplemente que tendrán una preocupación menos, y que  engorden. Con una alimentación adecuada, y con algo de ejercicio a través del juego, tendremos  a raya esos gramitos de más. Lo más fuerte es que Barriguito, como es más infantil, él sigue tan tranquilo. Pero, tampoco, se va a librar de la visita al veterinario.

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Todos los días se aprenden cosas, y hoy no va a ser menos. De hecho, me hago eco de una leyenda gatuna que desconocía por completo. En el Islam los gatos son considerados como animales puros, y merecedores, según su profeta, de ir al paraíso. De hecho, Mahoma siempre vivió rodeado de  felinos.  Cuentan  que un día, su gata predilecta Muezza se quedó dormida sobre la manga de su túnica. El fundador de esta fe tenía que marcharse, y no quería molestarla. Por eso, cogió una tijera y recortó la tela de su ropajes. Al volver, la gatita lo recibió con mucha alegría, mostrándole su agradecimiento por haberla dejado descansar  tranquila. Entonces, Mahoma le otorgó a los gatos la gracia de caer siempre de pie, y por supuesto, entrar al maravilloso paraíso islámico. Ahora, viene la pregunta del millón, para un gato qué  será el paraíso. En el caso de Barriguito, lo tengo superclaro, un lugar lleno de bolígrafos pompones,  sin que nadie se los quite.

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Para Canelito, seguramente, como es muy machote,  será estar agasajado por 7 gatas vírgenes, y por supuesto, toneladas y toneladas de comida-chuchés.

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Y si aburren un rato de tanta paz, pues irse a cazar palomas de tejado en tejado.

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Desde que llegó Pichito a mi vida, en abril de 2000,  y ahora con Canelito y Barriguito no he parado de preguntarme porqué  los gatos nos fascinan hasta el punto de que muchos humanos los adoramos. Y no debo ser la única que lo piensa,  ya que  a Lucy Maud Montgomery, autora de Ana de las Tejas Verdes,  se le atribuye la frase “A mí me gustan los gatos, pero nunca he tenido ninguno. Son demasiado exigentes, piden demasiado. Los perros no quieren más que amor, pero los gatos exigen adoración. Nunca han superado la costumbre de ser dioses en Bubastis.”  Es más, se sabe que los antiguos egipcios cuando morían sus gatos se depilaban sus cejas en señal de luto, incluso, si alguno mataba a uno, lo pagaba con su vida. Por eso, buscando alguna respuesta he encontrado alguna pista.

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Entre ellas, según el noble  galo,   Guillermo de Aquitania ,”La elegancia quiso cuerpo y vida, por eso se transformó en gato.” Pero, también, entre las razones puede estar la dada por el filósofo y músico franco-alemán,  Albert Schweitzer,“El hombre tiene dos medios para refugiarse de las miserias de la vida: la música y los gatos.” Cita que comparto al 100 por cien, puesto que los tenemos la suerte de vivir con estos felinos sabemos de los beneficios mentales que nos aportan. Incluso, el escritor romántico francés, Víctor Hugo,  dijo sobre  ellos, “Dios hizo el gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre.”

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Pero, quizás la clave también puede estar en las palabras del primer ministro de Reino Unido, Winston Churchill,  ”Los perros nos ven como dioses, los caballos como a sus iguales, pero los gatos nos miran como si fuéramos sus súbditos”. Era tanta  su  admiración  que  siempre  compartía  su vida con uno, incluso, hasta sus últimos días. En agradecimiento lo incluyó en su testamento. A todos les puso el mismo nombre, Jock I, Jock II…Curiosamente, su compañero inseparable estaba presente en los Consejos de Defensa. Y cuando los bombardeos de Londres, una de sus mayores preocupaciones era que su gato estuviera a salvo.

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Y desde luego, también, suscribo la reflexión, que es la que  más me ha dado que pensar,  del poeta australiano,  Pam Brown,  “Un gatito transforma el regreso a una casa vacía en la vuelta al hogar.”  Desde luego, yo lo siento así, y seguro que muchos más.  Mi Pichito, Canelito y Barriguito son el alma de mi casa. Aunque, algunas veces, piense como  Paul Gray,  un compositor heavy metal, “Los gatos son amos amables, mientras que recuerdes cuál es tu propio sitio.”  A pesar de todo, habrá que concluir con la genialidad de  Leonardo da Vinci,  ”El más pequeño gato es una obra maestra”.

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Hoy investigando en la red, he descubierto varias curiosidades gatunas, que reconozco no tenía ni idea. La primera de ella es que la forma de los cojines de la nariz de cada gato es  única. Al igual que los humanos tenemos nuestras huellas dactilares,  no hay dos naricillas felinas iguales. En el caso de Canelito y Barriguito  se parecen,  pero,  tienen sus propias diferencias. Por ejemplo, Canelito tiene una pequeñita peca en uno de los orificios nasales.  Es muy chiquita y rosita, algo chato. Y su hermano la tiene grandota, también,  muy chato,  de un rosa más intenso, y no tiene ninguna manchita.

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Otra de las curiosidades, a los gatos les gusta dormir recostados sobre algo. Y lo hacen para estar más seguros, así evitan que venga algún depredador por detrás, y lo sorprenda. Esto lo debo de saber Canelito, porque, aunque,  en un piso no hay ningún peligro, él lo lleva a rajatabla.

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Finalmente, el corazón de un gato late dos veces más rápido que el nuestro. Ahora entiendo porque Canelito y Barriguito son tan amorosos.

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Educar a un a un gato es una misión complicada, pero no, imposible. En mi humilde experiencia, como mami de Pichito durante toda su vida, y ahora de Canelito y Barriguito he aprendido algunas normas básicas. Los primeros días de la llegada de los gatetes son fundamentales. Es cuando, como en cualquier relación, se están definiendo los límites. Luego, con el paso del tiempo es difícil cambiar esos malos hábitos.

Por ejemplo,  a  Pichito lo enseñamos, sin querer, a jugar con las manos y a morder. Al principio, era muy divertido, pero, cuando fue creciendo arañaba, y atacaba a cualquiera que se le pusiera por delante. Sin embargo, como ya habíamos aprendido la lección,   con estos hermanitos, jamás, hemos jugado con ellos con nuestras manos. Es más, nunca nos han arañado, y por supuesto, no nos han clavado sus colmillitos draculines.

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Por otro lado, Pichito,   desde la primera noche, se metió en la cama con nosotros, y como no hicimos nada, ya nunca conseguimos echarlo.  Al menos,  con Canelito y Barriguito tuvimos la intención. La primera noche los metimos en su cesto, y en vez de dejarlos fuera de la habitación, y con la puerta cerrada, los puse en el suelo, en mi lado de la cama. Como estaban asustados, de allí no se movieron.

Al día siguiente, ya estaban más confiados, y salieron de su cesto, pero como eran tan chiquitos, no lograban subirse a la cama.  Como yo soy una experta en malcriarlos, a la tercera noche, les facilité la conquista. Les puse cojines para que llegarán. Digamos que les indiqué el camino. En el fondo, sé que fue porque echaba tanto de menos  dormir con Pichito. De algún modo quería volver a despertarme con la presencia de un gato. Para mí, es la mejor manera de empezar el día.  La diferencia es que ahora   era consciente de que lo estaba haciendo, y decidí dejarlos. Ya no habrá marcha atrás. Si cambio de opinión, y no quiero que duerman con nosotros, tendré que escuchar maullidos incesantes durante toda  la noche, que acabarán con mi paciencia y   la de  mis vecinos. Para al final,  por no escucharlos, abriré la puerta,  y otra vez, descansarán en la cama.

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Lo que quiero decir con todo esto es que  los  papis humanos somos los que tenemos que marcar los límites, y saber que estamos dispuestos a consentir y lo que no.  Si tenemos claro que no queremos que hagan algo, como subirse a la encimera de la cocina, la primera vez que los veamos, hay que quitarlos. En mi criterio sin aspavientos, ni gritos,  para que no nos tengan miedo.  Simplemente, con paciencia. Cada vez que lo veamos,  lo quitamos hasta que aprendan que no les va a servir de nada subirse, porque lo vamos a echar.Tampoco, ayudará que si te hacen una trastada a las 3 horas les regañes. No sabrán la razón de tu enfado.

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Ningún gato gasta energía en algo que no le reporta ningún beneficio, y por supuesto, ni Canelito ni Barriguito. Sé que saben su nombre, y siguiendo esta lógica gatuna, si los llamas vendrán o no en función de que les interese. Por ejemplo, si lo llamo desde la cocina, aparece  antes de que termine de decir Caneeé. Piensa que posiblemente lo esté avisando para darle su comida blandita. Y si lo llamo desde el pasillo de entrada del piso, y él está en el rellano, pasará de  mí. Porque sabe que si viene cerraré la puerta, y él no quiere entrar todavía.

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Tengo la impresión de que ellos aprenden por asociación. Aunque no puedan recordar exactamente lo que pasó, si les queda el recuerdo de una experiencia placentera o no. Así, Pichito cuando veía el transportín se escondía debajo de la cama y nos  costaba la misma vida meterlo dentro. Lo asociaba a que cuando lo metíamos era porque estaba enfermo, y por tanto, iba al veterinario o bien a un largo viaje. El pobre se mareaba en el coche, y lo pasaba fatal. Sin embargo, Canelito y Barriguito, por fortuna, no se han enfermado nunca, ni tampoco, han tenido que hacer ningún traslado a otra ciudad. Incluso, los transportines están en un rincón del salón, y muchas veces, jugamos en él hasta el punto de que ellos solos se meten dentro. No lo asocian a nada negativo, más bien, a un juego.

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Finalmente, insistir en que no hay  que recurrir jamás a los castigos físicos. Únicamente conseguiremos que nos tengan miedo, nos rehuirán y no nos dejarán disfrutar de su compañía y afecto. Perderemos su confianza. Recuerda que para ellos somos su mundo,  nos observan las 24 horas del día, los 365 días del año. Por lo que simplemente con el tono con el que nos dirigimos a ellos, saben si estamos contentos  con su comportamiento o no.

Acabo de caer en la cuenta de que Canelito y Barriguito pasan muchas horas durmiendo. No hay duda, les encanta dormir. De hecho, los gatos pasan entre doce  a  dieciocho horas diarias en los brazos de Morfeo. Las razones de estas grandes siestas son múltiples. La primera, son muy listos y ningún gato gasta  energía sino obtiene ningún beneficio a cambio. Ellos son así de listos,  y estos no lo son menos.

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Duermen tanto de día como de noche. Aunque, Canelito y Barriguito descansan más durante el día. Son cazadores nocturnos, y aunque pasen ratos con los ojos cerrados de madrugada, están más activos. Sobre la una, su mami se va a   la cama, y ellos me siguen. Se coloca cada uno en una mesita de noche, pendientes del desarrollo de los acontecimientos. Porque para que no se hagan daño, jugamos mucho sobre la cama. Entre los cojines escondemos sus presas favoritas, bolígrafos y un cinturón de cuerdas de esparto, que les encanta cazar. Por eso, no tienen claro sí es la hora de dormir o de jugar. Incluso, como te muevas más de la cuenta, se te lanzan encima, ya que debajo del edredón puede haber unos pies, que ellos en su imaginación convierten en un ratoncito. Cuando ya ven que no hay movimiento, entonces, Canelito se va encima de la almohada,  y me da su patita, y duerme un ratín. Hasta que se levanta a comer y a maullar a las ventanas o las puertas para salir.   Nunca  sus súplicas  han sido atendidas,  pero, él sigue intentándolo.

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Barriguito, mientras, se va a los pies a lo cama, y allí se echa una siesta, hasta que su hermano lo despierta para sus aventuras nocturnas. Después,  ambos esperan pacientes a que su mami se levante, y entonces, comienzan sus rondas mañaneras, hasta que llega el mediodía, y  de nuevo, son atrapados por Morfeo hasta bien entrada la tarde.

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 Los gatos,  a pesar de que llevan siendo compañeros de vida de los humanos desde hace más 9.500 años, nunca han perdido sus instintos, y consideran que dormidos, en un lugar seguro, no se meten en líos de cara a sus depredadores.

A esto hay que unir que la hormona del crecimiento, tan sólo la libera cuando están durmiendo. Y se nota que Canelito y Barriguito han liberado mucha en este casi primer año de vida.

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Finalmente, tampoco, nos podemos olvidar de otros factores que determinan estas largas siestas, el calor. En verano, duermen más porque  las altas temperaturas los aletarga. De hecho, Pichito que siempre estaba encima mía, y compartíamos mantita en el sofá, cuando llegaba el estío, ni se me acercaba. Y todos los veranos, me tenía que acordar del anterior para no preocuparme, y evitar pensar que estaba enfermito. Con tanto pelo, no pueden sudar, y  les cuesta eliminar el calor. Y por supuesto, la edad, cuanto más años, más duermen, porque están más tranquilitos. Aunque, en el caso de estos pillos, para eso aún falta. De todas forma, siempre que los veo dormir, y está comprobado que sueñan, me pregunto lo mismo, “qué soñarán … con lindas gatitas, con montañas de comida blandita o con millones de papelitos o palomas…”

Navegando por la red, acabo de encontrar  una palabreja nueva, que desconocía  ailurofilia.  No es ninguna enfermedad, sino una bendición, porque nos permite disfrutar y comprender a nuestros amigos los gatos. De hecho, podemos definir a esta palabra como el cariño/la admiración  hacia los felinos, en este caso hacia Canelito y Barriguito, aunque a quien le debo esta devoción, es a su hermano mayor, Pichito.

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 Tener esta debilidad mejora nuestra salud, vivir con un gato en casa nos aporta más tranquilidad, reduce el estrés. Incluso, algunos hablan  que cuando los acariciamos nos baja la presión arterial. Más recientemente, se ha llegado a la conclusión de que disminuye el riesgo de sufrir un infarto de corazón. Tampoco, podemos olvidar que los gatos son utilizados para terapias. Hay muchas experiencias al respecto. Por ejemplo, Sigmund Freud decía: “el tiempo dedicado a los gatos nunca se pierde”. El padre del psicoanálisis los incluía en  sus sesiones, porque consideraba que ayudaban a relajar a sus pacientes, y estos  se sentirían más cómodos.

También, los gatos contribuyen a mejorar la salud de los ancianos.   Precisan pocos cuidados, pero, en cierto modo,  significan un compromiso que los mantienen más activos. Canelito y Barriguito jamás nos juzgan, y siempre nos están esperando. Cuando tenemos cerca un gato, nos sentimos más queridos, nos sentimos mejor con nosotros mismos. Los gatos nos quieren de manera incondicional. Y desde luego, las ventajas para los niños son múltiples. Lo primero que aprenden es que cuidar a un ser vivo implica una responsabilidad. En este sentido pienso, que Canelito con la paciencia que tiene le aguantaría todo, menos que lo cogiera en brazos, eso lo lleva realmente mal.

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Sin embargo, Barriguito  siempre ha estado encantado  con que se le agarre, y sí  se le da un paseíto,  lo flipa.

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